La temperatura era agradable, el viento aún podía tolerarse, tomé mis cosas, busqué mis auriculares para poder ir escuchando la radio y emprendí el camino a casa de una amiga, caminando. Hubiera preferido pasear en la costa del río, pero mi destino era otro y pese a que el paisaje de la ciudad está lejos de ser relajante, la música lo volvió mágico...
Incontables veces había escuchado esa canción, pero nunca había prestado atención a su letra, tal vez por el contexto en cual la escuchaba o porque simplemente hoy, me sumergí en ella...
Transcribo aquí una parte, la que hizo que volviera de mis pensamientos, transformando el trayecto en algo placentero, porque a partir de allí solo fuí conciente de lo que llegaba a mis oídos...
¿Por qué ésta canción y no otra hizo que el sonido dejara de ser una simple melodía y captara mi atención, tomando forma? Simplemente porque me sentí identificada...
En todos los aspectos de la vida, en algún momento se produce un quiebre, que nos hace ver de manera distinta lo que tenemos a nuestro alrededor, desde otra perspectiva y logra que no permanezcamos indiferentes a ello.
Queda poco tiempo para que finalice de cursar mis estudios, un cuatrimestre simplemente, y unas materias regulares por rendir. Desde comienzo de año, que estoy desesperada por terminar, siento que mi trayecto por la universidad ya cumplió su ciclo, necesito hacer otras cosas, tener nuevas experiencias, para no experimentar mi tan conocida sensación de estancamiento. He planificado asiduamente de que manera rendiré las materias, en que fechas, en que orden. Siendo conciente, que puedo fallar, desaprobar alguna y que mi tan mentado plan ya no será fructífero.
Dejé de disfrutar de lo que estudio, pasé a sufrir la universidad. Permitiendo que me destroce moral, emocional y psicológicamente cuando algo no sucede dentro de la estructura pensada.
Quiero recibirme, quiero rendir, aprobar, dejar de cursar y tener mi título. ¿Pero a costa de qué?¿Corriendo contra qué? Contra mí misma. Muchos encuentran con quien competir, yo, lo hago conmigo.
Estoy agotada, mi capacidad de estudio se ha visto considerablemente reducida, ni hablar de la concentración. "Estás cansada", me dijo ayer el médico. Hoy debería presentarme a rendir un examen final, de una materia que me encanta, pero que intenté rendir una vez y me fue mal, hoy no iré, no me siento con fuerzas, pasé una semana intentando estudiar y apenas lo he conseguido.
No fue fácil tomar esa decisión, dado que implicaba muchos costos, pero fue necesario. Quizás para enfrentar con una nueva filosofía éste último tramo, disfrutar nuevamente de lo que estudio. Nada va a cambiar si me recibo un par de meses después.
Ayer ha fallecido un hombre de letras, Mario Benedetti. Como sabrán quienes leen este blog, uno de mis autores preferidos. En reiteradas oportunidades publiqué poemas suyos, hoy no podía ser la excepción...
Defensa de la alegría
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas.
Defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos.
Defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias.
Defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres.
Defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y de la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa.
Defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría...
Sin mucho para decir, en plena época de reproches, decepciones, crecimiento... No quiero llenar este blog de cosas tristes como un día hice.
Y si bien, mis ausencias son cada vez más largas. No me voy totalmente, aquí estoy, leyéndolos, coméntandolos cuando tenga algo para decir, subiendo cosas, en este espacio, que crea apropiadas.
Esta canción, que pongo a continuación es de Serú Girán, anoche la escuché por primera vez, aunque tiene casi veinte años, y me gustó mucho...
Nuestra vida diaria está regida por decisiones... constantemente, inconsciente o no, debemos hacer elecciones... unas más simples que otras, menos relevantes. Pero, no por eso menos importantes en el conjunto...
A veces, podemos posponerlas, evitarlas... sin embargo, tarde o temprano, esa decisión que no tomamos en su momento comienza a tomar valor. Aquello que creímos irrelevante, restándole importancia, pensando que otro día podríamos hacerlo y así en los días subsiguientes, se transforma en una bola de nieve que ya no podemos parar, y la culpa de haberlo permitido puede causar un dolor inmenso...
Sin duda, es mejor tomar una decisión equivocada, a pensar que no decidimos algo, que sigue pendiente, cuando en realidad sí lo hicimos, tomando el camino de la no-acción...
Elegir, implica un riesgo. Es necesario correrlos, ir en pos de lo que creemos mejor, sin importar cual sea el resultado. Porque, sin duda, siempre hay algo de éxito aún en los fracasos...
Estuve bastante ausente las últimas semanas, no por falta de tiempo, sino porque me encuentro en una etapa de desprendimiento, de cambios, de inhibición... He tenido que tomar una decisión importante, que me costó mucho, pero que sé, me va a ayudar a superar esto que hoy estoy sintiendo, lo que me paraliza y no me permite seguir adelante...